La ganadería extensiva y el pastoreo tradicional
Los paisajes de nuestra comunidad
no serían los mismos sin esos rebaños que pastan libremente por los prados y bosques
de las comarcas montañosas del norte, ausentes de explotaciones agrícolas de
cereal. Ecosistemas despoblados de personas, pero repletos de vida animal.
El papel que juega la ganadería
extensiva en la limpieza de bosques y zonas de bajo monte es fundamental en
zonas rurales. Crea actividad económica, mantiene y cuida espacios naturales y
persona en el territorio a pobladores con arraigo. Tanto el ganado vacuno y
ovino, el rol tradicional del ganado ha sido la ocupación de territorio no
aprovechable en el sector agrícola. Poblaciones con climas de montaña
sobreviven gracias a las cabañas de ganado y sus pueblos rentabilizan el
cuidado de los montes comunales con las rentas que suponen los pagos de los
pastos en terrenos baldíos. Zonas de matorral, propensos a los incendios
forestales, necesitan el tránsito de animales para la limpieza y regeneración
del arbolado, así como la vigilancia y prevención de éstos.
Degradado y excluido de las
políticas comunitarias, las políticas de desarrollo rural incluidas en el segundo
pilar de la PAC, han centrado las ayudas en el turismo y la pequeña industria
agroalimentaria. Las ayudas no llegan para nuevas explotaciones al sector
primario. Las agencias de desarrollo local no subvencionan explotaciones
ganaderas y agrícolas. Resisten, por trasvase generacional,
explotaciones tradicionales extensivas con pocos pastores afincados y transmisores
de una herencia cultural. Con mercados de venta de proximidad y gracias a los
mataderos municipales, todavía podemos disfrutar de carnes de alta calidad.
Las administración no han cuidado
y escuchado a los ganaderos extensivos de zonas despobladas y desangradas. La ganadería
intensiva, con menor coste por kg de carne en el mercado y proveniente de
importaciones de norte de Europa, ha impuesto precios a la baja en clara
competencia, sin valorar el resto de ventajas asociadas al pastoreo de zonas de
bajo monte.
El oficio de pastor no ha entrado
en desuso. La despoblación de zonas rurales ha dejado sin jóvenes a los pueblos
y es difícil contratar a personas, con o sin familia, que realicen esa tarea.
No sólo los atractivos y relaciones sociales que la ciudad propone, si no la
dureza del desempeño de un trabajo relegado socialmente a los estereotipos de incultos
e ignorantes, han marcado una actividad necesaria. Son los propietarios de las
explotaciones quienes han realizado esa tarea a expensas de delegar otras
responsabilidades.
Ante la falta de personas conocedoras
del oficio, en 2011, empezaron a surgir en todo el estado "escuelas de
pastores", gracias a un programa de la Consejería de Medio Ambiente, que
incluyó esta opción formativa en la escuela agraria de Toro.
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